Encarcelado el Gerundio

Acabo de leer esta nota en La Página del Castellano:
El gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, obtuvo una inesperada celebridad hace algunos días al descargar todo el peso de su autoridad sobre... el gerundio, tiempo verbal cuyo uso quedó terminantemente prohibido en los documentos administrativos de la capital brasileña.
Arruda se dejó llevar por la irritación que causa en su país el llamado «gerundio de telefonista», que suele sustituir al futuro simple de indicativo. En lugar de decir «le enviaremos», las telefonistas suelen decir «le estaremos enviando».
La gente que acude por trámites a las oficinas públicas brasileñas suele recibir la información de que «lo estaremos atendiendo el lunes», en lugar de «lo atenderemos». Después de haber vivido durante un cuarto de siglo en Brasil, puedo comprender la irritación del gobernador y, permítanme comentarlo, lo que parece un desplante innecesario de poder por parte de Arruda, es una reacción menos autoritaria que ciertas decisiones de la Academia Española, que a veces se ponen por delante del uso.
El gerundio o participio presente es un tiempo verbal cuyo empleo presenta dificultades que conducen al uso inadecuado también en español. Tan complejo es este tema que María Moliner le dedica tres páginas en su Diccionario de uso del español y Manuel Seco otras tantas en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española.
Por su parte, el diario La Razón , de Argentina, publica lo siguiente:
El gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, prohibió por decreto el uso del gerundio a todos los funcionarios públicos, tras calificar a esa conjugación verbal de «burocrática» y ser una disculpa para la «ineficacia».
Desde ahora, según la reglamentación, ningún empleado publico podrá usar el denominado «gerundismo» a modo de disculpa por la falta de eficiencia. En Brasil es habitual escuchar en las oficinas que atienden al público (sean públicas o privadas) frases como: «Vamos a estar verificando su tema y a la brevedad lo estaremos llamando».
Según sus asesores, Arruda, del partido de derecha Demócratas, intentó provocar a los empleados públicos que alimentan la burocracia escribiendo memorandos o dando respuestas del tipo «su pedido está siendo encaminado» o «estamos aguardando una respuesta».
Pero muchos piensan que el gobernador exageró. Domicio Proença, de la Academia Brasileña de Letras, aseguró que «lo negativo es el gerundismo, no el gerundio», ya que el decreto publicado en el boletín oficial dice «Queda expulsado el gerundio de todos los órganos del gobierno del Distrito Federal».
Enilde Faulstch, profesora de lengua portuguesa de la Universidad de Brasilia, llegó a la conclusión de que el gobernador «confundió gerundio con gerundismo», porque el gerundio «es una estructura del idioma y existe desde siempre», lo que el decreto debería haber aclarado es que se prohibía el uso del gerundio en el futuro.
El decreto, de todos modos, tiene una implementación difícil, porque como dijo la lingüista Wania de Aragao, profesora de la Universidad de Brasilia, «siempre que se intenta legislar sobre el idioma resulta un desastre; la lengua es de los usuarios».
Así pues que, extravagancia política, o practicidad, esta medida está generando revuelo más allá de Brasil. Resultará curioso, acaso, este hecho, no obstante, a mi parecer, es más que interesante, digno de estudio y discusión.
